3.11 Don Abelardo. Punto y aparte.
Don Abelardo San Román, era la espina dorsal del comportamiento y de las normas dentro del Instituto. Se empleó en cuerpo y alma al control de la conducta, hay quien podría llamarlo domesticación, acudiendo con más frecuencia e intensidad de la deseable a las tareas habituales de castigar las acciones y situaciones que caían fuera de las estrictas normas de la institución y/o de la época. Su imagen, incluso su sola mención llenaba la escena. Era como aquellos actores geniales de teatro que cuando actúan, perfectamente adaptados al personaje, minimizan al resto porque su protagonismo no admite discusión. Y eso, independientemente de lo que hagan. Así era Don Abelardo. Llenaba la pantalla el solo y por donde pasaba, quedaba claro que había pasado. Tanto y tan ostentoso protagonismo no podía menos que generar multitud de anécdotas de lo más variopinto, tanto en sus clases como en sus tareas directivas. Se dice, y hay cantidad de testimonios que lo pueden confirmar, que sus ...