3.4 Mérida Pérez. 1954-1964
Mérida Pérez. 1954-64
Ya hemos comentado la dureza de la
Ley que reguló la Enseñanza Secundaria vigente desde 1938.
El año 1953 Don Joaquín Ruiz
Jiménez, que había sido nombrado Ministro de Educación Nacional dos años antes,
apoyado en colaboradores como Antonio Tovar, Pedro Laín Entralgo o Joaquín
Pérez Villanueva, procedentes del Falangismo, inició un amplio proceso de
reformas en las instituciones docentes con el punto de vista puesto en la
evolución y actualización social y política de la Ley de 1938, sobre todo en
los aspectos pedagógicos.
Las primeras acciones de estos
cambios fueron llevadas a cabo por el nuevo director general de Enseñanza
Media, José María Sánchez de Muniáin, y se producen en relación a la estructura
del Bachillerato Universitario, de 7 años, que deja de tener carácter unitario.
Tras varios años de fracasos en las perspectivas de formación en enseñanzas
medias, se corrigió esa bestialidad educativa de la Prueba de Estado que
examinaba todos los contenidos estudiados durante el periodo de los 7 años y se
dio paso a los dos Bachilleres, el Elemental de 4 años y el Superior de 2, con
dos Reválidas. Un 7º curso, tras la Reválida de 6º estaría orientado a la
preparación para la entrada en la Universidad y se denominó, como no,
Preuniversitario.
La Ley de Ordenación de la
Enseñanza Media, promulgada en 26 de Febrero de 1953 (B.O.E del 27) es muy
extensa (tiene 117 artículos más las disposiciones finales y transitorias). Se
centró en el “perfeccionamiento técnico de la enseñanza” y el “servicio a los
valores esenciales de España”. Los puntos neurálgicos de la Ley fueron la
“Inspección Educativa” y la “Composición de los Tribunales”.
Mejora el interés pedagógico y la
formación del profesorado, consolida el grado académico básico en catorce años,
profesionaliza la Inspección Educativa… aunque quede más centrada en los
asuntos burocráticos que los estrictamente pedagógicos.
Sin embargo, no dispone de un plan
de Estudios, que ha de esperar hasta el Decreto de 31 de mayo de 1957, de Don
Jesús Rubio y García-Mina: Plan de Bachillerato de 1957, que pretender corregir
algunas ideas mal planteadas o concebidas en 1953.
Los cambios de más interés que
aporta este Plan del 57, según nuestro punto de vista, podrían resumirse de la
manera siguiente:
1.- Se pretende reducir el trabajo
intelectual del alumno. A tal fin, se descongestionan programas recargados,
reduciendo el número de materias teóricas y también el contenido por año,
procurando condensar los aspectos esenciales de la enseñanza, manteniendo sin
reducción las materias de Formación del Espíritu Nacional, Educación Física y
Religión.
2.- Quedan igualmente prohibidos
los deberes fuera del Centro. Se prevé que todas las materias han de ser
aprendidas, básicamente, en tiempo lectivo, no en el domicilio.
3.- Para poner en práctica esta
medida se crea la Unidad Didáctica de 75 minutos, repartida en dos tiempos, uno
de 45 minutos de duración, dedicado preferentemente a explicaciones y otro de
30 minutos, seguido del primero, dedicado a estudio y ejecución de deberes y
trabajos derivados.
4.- Se regula la hora de comienzo
de las clases, que será a las 8:30, con un acto colectivo que durará hasta las
9:00 que tendrá sentido religioso, patriótico y gimnástico.
5.- También se procede a liberar de
actividad académica los sábados por la tarde a fin de que los alumnos puedan
tener tiempo para reuniones, deporte u otras actividades complementarias.
6.- Se elimina todo vestigio de
coeducación, separando aulas y/o Centros por sexo.
7.- Se crea una prueba intermedia
al final de 4º con el objeto de liberar materia, y se asume la opcionalidad de
las ramas de Ciencias y Letras en los últimos cursos.
Respecto a la tipología de los
Centros, estos pueden ser Oficiales, llamados Institutos Nacionales de
Enseñanza Media y los No Oficiales, que pueden ser de la Iglesia o Privados,
teniendo los de la Iglesia una regulación independiente y autónoma respecto a
la enseñanza oficial.
Al frente del Instituto estará el
Director, que será un Catedrático, si ello es posible, que será el responsable
de la Jefatura de todas las enseñanzas y tendrá tratamiento de Ilustrísimo.
Otros cargos directivos serán Vicedirector, Secretario, Vicesecretario,
Interventor y Jefe de Estudios.
Referente al Profesorado, se
contempla un margen de tiempo docente para poder ser dedicado a la función
educadora, orientadora y tutorial.
Dentro del Instituto tenemos 5
categorías de profesorado:
. Catedráticos numerarios, que son
licenciados universitarios (en Ciencias o en Letras) y de Dibujo titulados por
la Escuela Superior de Bellas Artes, que tendrán escalafón propio.
. Profesores especiales (de lengua
moderna, enseñanzas artísticas, Formación del Espíritu Nacional, Educación
Física), con titulaciones emitidas por FET y de las JONS, que son las siglas
del partido único del régimen franquista “Falange Española
Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”.
. Profesores Adjuntos, licenciados
en Ciencias o Filosofía y Letras. Normalmente su función era coadyuvar a la
labor de los catedráticos numerarios.
. Profesores Ayudantes, licenciados
en Ciencias o Filosofía y Letras, que prestaban ayuda en clases prácticas. Sus
remuneraciones se pagaban con cargo a los fondos del propio centro.
. Profesores de Religión, nombrados
por el Ministerio a propuesta de la Jerarquía eclesiástica, que tenían igual
consideración que los catedráticos numerarios del centro.
Así mismo, comienzan a organizarse
y tener una cierta fuerza los Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en
Filosofía y Letras y en Ciencias y el Cuerpo de Inspectores como impulsores de
la renovación y el perfeccionamiento.
Este era el marco que se dibujaba
en los institutos de estos años. Así estaba jerarquizada la Institución de las
Enseñanzas Medias. Esas eran las normas marco y los presupuestos ideológicos y
morales. Y de ellos se deducían la autoridad y el respeto hacia ella, la
disciplina, la rectitud, el cuidado de las formas y el orden, que aprendimos o
aprehendimos no solo dentro de las Aulas, también en los pasillos, en las
miradas, en actitudes, en los gestos, en las notas, en las preguntas y en las
respuestas. Y en los silencios.
Estábamos entrando en la apertura
franquista que supuso el inicio de la salida de autarquía, en los sucesivos
gobiernos de tecnócratas, en el Plan de Estabilización de 1959, que
comenzó a liberalizar la economía y la creación de los Planes de Desarrollo.
Los cambios económicos produjeron crecimientos acelerados y, consecuencia de
ello, importantes cambios sociales.
Como referencia para quién esté interesado, como mera aproximación y con amplias variaciones por zona…, podemos ver algunas pautas sobre el valor de las cosas, referidas al año 1960:
La propina semanal (aún no se
hablaba de “paga”) a un niño era de 1 Pta; un tbo costaba 1,5 Pts; el Salario
Base era de 1000 Pts/mes; un Maestro ganaba 1200 Pts/mes; el Salario de un
aprendiz era de 500 Pts/mes; el Paquete Celtas Cortos sin filtro (Chester
obrero) costaba 3 Pts; un bocadillo de chorizo o jamón costaba 4 Pts, etc. Y una
peseta de 1960 podría equivaler a… pongamos… entre 1.5 y 2 Euros de 2018.
Pero los cambios aludidos no venían
secuenciados u ordenados con una cierta lógica interna sino como arremolinados,
en cascada, sin tiempo de digestión, casi, en un continuo presente.
Los lugares de ocio para los
jóvenes comenzaron a dejar de ser casi exclusivamente públicos, es decir, la
calle. Ya no todo era “dar vueltas por la plaza, o por el jardín” –según la
época del año-.
La Cafetería, con sus dos plantas,
la de abajo más señorial y la de arriba más de jóvenes, con partidas de las
Siete y Media, después de comer y con parejas más de tarde…, el Angelines, con
una máquina de discos, el Rompe, que era el nombre corto de un bailongo que
había debajo de la Academia del Coronel, en la Muralla, el Frontón García,
pista de baile, actuaciones musicales y competiciones de pelota… aunque sólo en
verano, el Mappy Club, encima del Cine Gullón… incluso cuando ya no era cine, etc, etc.
Sólo había un problema y es que todos estos sitios, que eran establecimientos
privados, había que pagar la consumición y el dinero era muy escaso en la
mayoría de los bolsillos. El juego del ratón y el gato estaba a la orden del
día cuando el camarero se ponía pesado con el "¿que desea usted
tomar?". Aún recuerdo a Faustino, de la Cafetería Tagarro, algo nervioso,
activo, eficiente… en estos menesteres. Un gran camarero.
Había un Futbolín, cuyo nombre no
recuerdo, en Jose Mª Goy, casi enfrente de “El 2 de Mayo”, y cerca de donde
también estuvo el Museo del Chocolate, y antes la Sala El Yate, con 10 o 12
futbolines buenos, con futbolistas de pies separados lo que permitía arrastrar
la bola, que requería un ligero cimbreo del suelo, y trazar trayectorias en
diagonal de la pelota. Se solía jugar por parejas y era frecuente apostarse
unas “bombas” (así se llamaban a unos pastelillos redondos, con crema dentro,
que vendían en “El Angelines” de la Plaza Santocildes… donde también se echaba la partida de “tute”). Parece ser que el amo era Pepe Jofervi… que sigue
siendo, por lo visto, un mago de las tres bolas de billar. (He de decir que mi
informador me ha confesado que Jofervi… no lo ganaba siempre, y así lo dejo
escrito para que conste).
El café Central, regido por el
Señor Tirso, serio y con cara pocos amigos y con camareros tan irrepetibles y elegantes
como Murias, tenía dos billares en la parte posterior, que daba a la calle de
la Cruz.
Aparte de la
subasta, el dominó, el tute y otros, allí se jugaba, y con bastante nivel, al
billar. Recuerdo, además del citado Jofervi (que tenía una ferretería en la
plaza); a Pedro (que el padre tenía un camión); Pedro Patagorda (creo que le
llamaban así…), del garaje Los Leones de la calle del Cristo, un señor mayor muy bueno haciendo carambolas, al que admirábamos los
aprendices a través de las cristaleras del Café Central, que daban a la calle
de la Cruz; Manolo (de Valdeviejas). Estos eran los mejores de mi época, que fue la siguiente a esta, es decir
la de 1964-71.
Mientras, los
niños de 5 a 10 años (yo era uno de ellos) dábamos vueltas y vueltas por la
Plaza, mirábamos mucho y comprábamos poco en los “puestos” (Sra. Ángela, La
Macaria, El Sr. Ramón y el “Ti Pirulí) o correteábamos por las mesas de las
partidas de cartas, burlando a los camareros, o por los reservados que había a
la entrada a la derecha… donde iban algunos papas con las mamas, juntos, en
pareja, los domingos por la tarde de los fríos inviernos de Astorga. (El
Casino, más selectivo, estaba en el encima, en el mismo edificio, pero se
accedía por otra puerta). Y de vuelta a casa, una papelina de castañas de
Riancho, en la plaza de los taxis para entrar en calor y “pasar el puerto”…
decíamos los de Rectivía, que era el tramo entre El Palacio-La Catedral y
Agapito-El Algibe.
De fuera de Astorga nos llegaban,
algo tarde eso sí, “Los chicos de Preu”, los guateques de los 60, la
música rock, el twist , los Brincos de “Por un sorbito de champán”, “Una chica
ye-ye”, los Pekeniques, y los Sirex…, pero llegaban y lo hacían para
quedarse, para integrarse en las mentalidades y en las conciencias, las de los
jóvenes primero… y en la de los padres de esos jóvenes, no siempre sin traumas,
después. Pero el tiempo corre lento en Astorga.
Se iba perdiendo el miedo.
Comenzaron a dibujarse nuevos estilos de vida, nuevos valores, nuevos
comportamientos sociales que, como sin quererlo, actuaron de oposición a la
Dictadura, que aún estaba muy fuerte. En año 1959 se había inaugurado el Valle
de los Caídos y eso no fue vivido por la España no oficial como un acto de
acercamiento entre las dos Españas, sino de reafirmación del Régimen.
Ahí estaban los sectores más
activos de la sociedad: jóvenes, estudiantes, sindicatos de grandes empresas,
grandes ciudades y universidades, pero aún quedaban muchos años hasta el 75.
El inicio del fin de la autarquía
también permite asomarse a lo que está ocurriendo fuera de nuestras fronteras,
en el Mundo, de donde llevábamos años aislados. Y lo que había fuera, iba
llegando en cuentagotas y filtrado. Estas eran algunas cosas que pasaban
allende nuestras fronteras:
El Sputnik 2 y la perrita Laika
(1957) dieron un gran paso adelante a la ciencia y tecnología soviética pero
pudieron haber actuado también como una espoleta de la Guerra fría y la batalla
armamentista que se acentuó hasta llegar a niveles máximos con la fallida
invasión de Bahía de los Cochinos y la Crisis de los misiles en Cuba (1962).
En ese mismo año falleció en
extrañas circunstancias la actriz Marilyn Monroe, recordada
por muchos de nosotros como un icono de la sexualidad y también de la
sensualidad.
El año siguiente, asesinaron a
J.F.Kennedy (1963), hecho que tuvo una amplia cobertura y difusión. Recuerdo
que incluso fue comentado en el C.N. Blanco de Cela, donde yo estudiaba, por el
Director Don Ángel Murias, con todos los niños formados en el patio.
Unos años antes, Alfred Hichcock
(1960) estrenaba Psicosis, un manual para cinéfilos, donde el terror y el
suspense se recrean sin límites a través de un asesino en serie de Wisconsin.
La canción protesta toma una fuerte
relevancia en la música de Joan Baez y, sobre todo, de Bob Dylan, que
premonitoriamente escribe “The Times They Are a-Changin” (1963) posiblemente
sin sospechar la enorme dimensión de dichos cambios.
Los primeros “The Animals” (1964)
creaban su gran obra “The house of the rising Sun” que seguramente sigue viva
aún dentro de muchos de nosotros y de nuestras idealizaciones.
El mismo año 1964, cuatro muchachos
de Liverpool, que en 1962 habían formado un grupo llamado The Beatles, tuvieron
un éxito rotundo en los EEUU, que ya empezaba a tomar el relevo geopolítico,
industrial y financiero de la vieja Europa.
Socialmente, estamos en la década
que surge el movimiento Hippie con una fuerte carga contracultural, libertaria
y pacifista, en buena parte, como respuesta a la Guerra fría entre los bloques.
Nuestra ciudad, como ya saben, no
tenía una pizca de protagonismo en cambios de este tipo o parecidos. Más bien
representaba un refugio donde la inercia podía seguir hasta el infinito, al
margen de cambios, de la evolución, de la historia. Ahí estaban, vigilantes y
silentes, el peso del Ejército, del Obispado y de una Aristocracia letrada que
más bien residía en Madrid. Astorga, que esquivó la Revolución Burguesa en su
momento y cualquier otra revolución que se le hubiera puesto delante. Astorga
era, y es, un cántico a la quietud y al ensimismamiento. Al reposo culto de las
bibliotecas con incunables poco o nada consultados.
Mucha cultura e importantes centros
de Enseñanza Secundaria: Instituto, Escolapias, Seminario y Escuela de Maestría
que forman estudiantes que Astorga exporta porque su sociedad no los puede
absorber desde su tranquilidad, reposo y sosiego. Es la Astorga que se hunde
dentro de la España que se va despoblando lentamente.
Pero volvamos a nuestro Instituto.
Hay testigos de la época, que hoy
andan entre 70 y 80 años, que recuerdan aquel Edificio del INEMA, en Rodríguez
de Cela, primero, y desbordado por el crecimiento de la matrícula año tras año,
en Padre Blanco, después. Y hablan de él. Unas veces con nostalgia y con
cariño, otras, con la impotencia del tiempo pasado. Siempre un con brillo en
los ojos que refleja el respeto y la cercanía con lo vivido dentro de sus
paredes… y de sus corazones.
He escuchado, a alumnos mayores que
yo, opiniones sobre profesores que yo ya no conocí, y otras sobre profesores
que conocí más tarde, y, en general, no hay demasiadas sorpresas. Los grandes
trazos del quehacer docente no sufren tantos cambios con el tiempo. He oído
hechos y situaciones, halagos y también críticas, reiterados en las
actitudes y lecciones dadas dentro de aquellos edificios que ya tampoco no
conocí.
Alguno, recuerda con mucho cariño
profesores como Don Gregorio Salvador, al que deben, los comienzos de
aprendizajes en la difícil tarea de expresar con precisión tus ideas, lo que
sin duda contribuye, y de manera esencial, a fundamentarlas, consolidarlas,
creerlas y ponerte a su servicio.
También recuerdos cariñosos para
Don Bernardo, de Religión, de habla suave, reposada y medida, Don Ernesto
Fidalgo, de Religión y Griego, Memi de Francés a la que alguien define como una
buena profesora, de delicioso trato, de la que estaban enamorados todos los
alumnos, Don Venancio de FEN, Don Santiago Franco de EF, …
Menos cariño se repartía entre
otros profesores, como Don Abelardo, profesor de Historia, ya Jefe de Estudios,
Don Pedro Rodríguez, muchos años Director, también de Historia, que parece ser,
recordaba una y otra vez quienes eran los que mandaban en España… seguramente
incapaz de intuir el más mínimo cambio en la estructura educativa que el
regentaba. Y otros de la rama de ciencias, sobretodo: Matemáticas y Física.
En este último caso, el poco
aprecio de los estudiantes no estaba basado en razones de tener un elevado
nivel de exigencia o de ser injustos con las calificaciones. No. Los
calificativos y quejas de los alumnos eran variados y por recato no los
reproduciremos. Eran todo menos favorables, cariñosos y comprensivos… aunque
por distintos motivos.
Parece ser que repartir orejas de
burro o poner un chupete a los alumnos que no estudiaban o que estudiaban y les
costaba más aprender matemáticas no era del agrado general. Además de enseñar
poco y mal. Tampoco era bien visto por un alumnado crítico y motivado, el hecho
de exigir poco y aprobar fácil. No resultaba interesante para alumnos que
querían fundamentalmente aprender. Y no aprendían.
Hemos de recordar que en aquellos
tiempos existían las Reválidas de 4º y 6º y eran auténticos filtros que no se
podían saltar sin conocimientos.
Digamos que los resultados de
algunas de estas clases eran más bien pobres, que los alumnos ni aprendían bien
Matemáticas ni aprendían bien Física. El Instituto, parece que tenía un
problema, en la preparación de estas asignaturas y existían lagunas en la
enseñanza/aprendizaje de las mismas. En el Plan de 1957, y aún más, en el
Bachiller de 7 años que le precedió, las Matemáticas tenían un peso muy grande
en el currículo.
Cuando los conocimientos no
llegaban a los mínimos exigibles para aprobar, cosa que era bastante frecuente,
entraba en funcionamiento el plan B. El plan B, se llamaba Academia “El
Comandante”, después ”El Teniente-Coronel” y finalmente “El Coronel”,
fundamental pero no únicamente, donde se reforzaban la adquisición de
conocimientos de Matemáticas y Física, Además de aprender, se lograban salvar
los obstáculos que suponían las dos pruebas externas anteriormente referidas,
la de 4º, para tener el título de Bachiller Elemental y poder acceder al
Bachiller Superior, y la de 6º para tener el correspondiente título y poder
cursar Preuniversitario.
Esta academia o centro privado no
reglado, de refuerzo, pero eficiente y tal vez el más popular de la época,
estuvo situado primero cerca del Seminario y posteriormente pasó a una casa que
da a la Muralla donde más tarde estuvo situado el Registro de la Propiedad.
En la Academia del Coronel se han
de mencionar dos profesores donde todos los testimonios han coincidido en su
profesionalidad y en su humanidad: Don Constancio y el Coronel Antonio
Fernández González, que se encargaban básicamente de la coja parte de Ciencias
del Instituto.
El primero, daba clase de
matemáticas a los del Bachiller Elemental, y el segundo a los del Superior. Yo
conocí a Don Constancio años después dando clase de Matemáticas de 1º a 4º al
lado de la Casa Sacerdotal, donde vivía con su familia, y puedo corroborar su
buen hacer como docente. Enseñaba Matemáticas y algunos aprendimos a sacarle
gusto a este aprendizaje.
Respecto al segundo, como Coronel
de Artillería, tenía profundos conocimientos Matemáticos y de Física, sobre
derivadas, integrales, balística, dinámica, etc.
Muchos alumnos que pasaron por
INEMA, en una u otra ocasión estuvieron en las clases de Matemáticas de alguno
de estos dos profesores (o los dos), profesores no oficiales, pero si de una
gran calidad, y de los que se ha de dejar constancia de un reconocimiento a lo
que ellos representaron, y lo que para muchos alumnos significó cursar el
Bachiller Superior en general y en la rama de Ciencias en particular.
Sería injusto no citar junto a la
Academia del Coronel, otras coetáneas, Por eso, no quisiera dejar de mencionar,
aunque sea de soslayo, otras instituciones dedicadas al refuerzo de los
aprendizajes… del Instituto. Algunas de ellas, sobre las que volveremos con más
detenimiento en su momento, son: Academia Astorga, Academia de San Agustín, La
Unión, profesores particulares como Don Rufino (en las Casas de Miguélez),
García (Calle San José Mayo, casi enfrente de la Confitería Flor y Nata),
incluso Simo (que comenzó con mecanografía y taquigrafía)…
Sé que más tarde, pasada ya media
década de los 60, en el nuevo edificio de Los Sitios 2 y en la Delegada, unos
años después, fue corregida esta deficiencia y hubo buenos profesores de
Matemáticas y profesores que enseñaron el gusto por aprender… porque los veías
disfrutar a ellos explicándolas. Personalmente, puedo afirmar que los que más
huella dejaron en mí fueron la Doña Emma Quiñones, más conocida como la Cubana,
que me dio Matemáticas en 5º en la Delegada el curso Académico 69-70 y el año
siguiente, Matemáticas en 6º, Don Jesús Sanz. De la Hoz (su segundo apellido),
para sus alumnos, como él mismo se encargó de aclararnos el primer día de
clase.
Volveremos otro sobre ellos en alguna Entrega.
[
Fotos:
F062.LoschicosdelPreu.1962
Video de Una Chica ye ye
F084.Thehouseoftherisingsun.1984
F073.CafeCentral.1960
]
Próxima entrega: 3.5. Mérida P.
1964-1971. Lo académico
Fe de erratas.
En la Entrega 3.3. Mérida Pérez. 1945-53, se comete un
error que quiero corregir con esta nota. El equívoco fue confundir dos personas
distintas, pero con idéntico nombre, primer apellido, vecindad y edad.
Don Pedro Rodríguez, Catedrático de Historia y
Director del Instituto, vivió en la denominada vulgarmente la Plaza del Centro
de Higiene, y no lejos de allí, en la Calle Costilla, vivía otro Don Pedro
Rodríguez, Alcalde de Astorga entre 1944 y 1947, y empresario de un Taller de
Carpintería de la ciudad.
La igualdad del nombre, apellido, vecindad y el
solapamiento de vivir en Astorga los mismos años de estos dos Don Pedro
Rodríguez, me llevó al fallo de fusionarlos en uno, cuando en realidad eran dos
personas distintas, que nada tenían que ver… excepto los aspectos ya comentados.
Otra vez el error ha sido el resultado de un cúmulo de casualidades. Pido
disculpas por ello.
Ya hemos comentado la dureza de la
Ley que reguló la Enseñanza Secundaria vigente desde 1938.
El año 1953 Don Joaquín Ruiz
Jiménez, que había sido nombrado Ministro de Educación Nacional dos años antes,
apoyado en colaboradores como Antonio Tovar, Pedro Laín Entralgo o Joaquín
Pérez Villanueva, procedentes del Falangismo, inició un amplio proceso de
reformas en las instituciones docentes con el punto de vista puesto en la
evolución y actualización social y política de la Ley de 1938, sobre todo en
los aspectos pedagógicos.
Las primeras acciones de estos
cambios fueron llevadas a cabo por el nuevo director general de Enseñanza
Media, José María Sánchez de Muniáin, y se producen en relación a la estructura
del Bachillerato Universitario, de 7 años, que deja de tener carácter unitario.
Tras varios años de fracasos en las perspectivas de formación en enseñanzas
medias, se corrigió esa bestialidad educativa de la Prueba de Estado que
examinaba todos los contenidos estudiados durante el periodo de los 7 años y se
dio paso a los dos Bachilleres, el Elemental de 4 años y el Superior de 2, con
dos Reválidas. Un 7º curso, tras la Reválida de 6º estaría orientado a la
preparación para la entrada en la Universidad y se denominó, como no,
Preuniversitario.
La Ley de Ordenación de la
Enseñanza Media, promulgada en 26 de Febrero de 1953 (B.O.E del 27) es muy
extensa (tiene 117 artículos más las disposiciones finales y transitorias). Se
centró en el “perfeccionamiento técnico de la enseñanza” y el “servicio a los
valores esenciales de España”. Los puntos neurálgicos de la Ley fueron la
“Inspección Educativa” y la “Composición de los Tribunales”.
Mejora el interés pedagógico y la
formación del profesorado, consolida el grado académico básico en catorce años,
profesionaliza la Inspección Educativa… aunque quede más centrada en los
asuntos burocráticos que los estrictamente pedagógicos.
Sin embargo, no dispone de un plan
de Estudios, que ha de esperar hasta el Decreto de 31 de mayo de 1957, de Don
Jesús Rubio y García-Mina: Plan de Bachillerato de 1957, que pretender corregir
algunas ideas mal planteadas o concebidas en 1953.
Los cambios de más interés que
aporta este Plan del 57, según nuestro punto de vista, podrían resumirse de la
manera siguiente:
1.- Se pretende reducir el trabajo
intelectual del alumno. A tal fin, se descongestionan programas recargados,
reduciendo el número de materias teóricas y también el contenido por año,
procurando condensar los aspectos esenciales de la enseñanza, manteniendo sin
reducción las materias de Formación del Espíritu Nacional, Educación Física y
Religión.
2.- Quedan igualmente prohibidos
los deberes fuera del Centro. Se prevé que todas las materias han de ser
aprendidas, básicamente, en tiempo lectivo, no en el domicilio.
3.- Para poner en práctica esta
medida se crea la Unidad Didáctica de 75 minutos, repartida en dos tiempos, uno
de 45 minutos de duración, dedicado preferentemente a explicaciones y otro de
30 minutos, seguido del primero, dedicado a estudio y ejecución de deberes y
trabajos derivados.
4.- Se regula la hora de comienzo
de las clases, que será a las 8:30, con un acto colectivo que durará hasta las
9:00 que tendrá sentido religioso, patriótico y gimnástico.
5.- También se procede a liberar de
actividad académica los sábados por la tarde a fin de que los alumnos puedan
tener tiempo para reuniones, deporte u otras actividades complementarias.
6.- Se elimina todo vestigio de
coeducación, separando aulas y/o Centros por sexo.
7.- Se crea una prueba intermedia
al final de 4º con el objeto de liberar materia, y se asume la opcionalidad de
las ramas de Ciencias y Letras en los últimos cursos.
Respecto a la tipología de los
Centros, estos pueden ser Oficiales, llamados Institutos Nacionales de
Enseñanza Media y los No Oficiales, que pueden ser de la Iglesia o Privados,
teniendo los de la Iglesia una regulación independiente y autónoma respecto a
la enseñanza oficial.
Al frente del Instituto estará el
Director, que será un Catedrático, si ello es posible, que será el responsable
de la Jefatura de todas las enseñanzas y tendrá tratamiento de Ilustrísimo.
Otros cargos directivos serán Vicedirector, Secretario, Vicesecretario,
Interventor y Jefe de Estudios.
Referente al Profesorado, se
contempla un margen de tiempo docente para poder ser dedicado a la función
educadora, orientadora y tutorial.
Dentro del Instituto tenemos 5
categorías de profesorado:
. Catedráticos numerarios, que son
licenciados universitarios (en Ciencias o en Letras) y de Dibujo titulados por
la Escuela Superior de Bellas Artes, que tendrán escalafón propio.
. Profesores especiales (de lengua
moderna, enseñanzas artísticas, Formación del Espíritu Nacional, Educación
Física), con titulaciones emitidas por FET y de las JONS, que son las siglas
del partido único del régimen franquista “Falange Española
Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”.
. Profesores Adjuntos, licenciados
en Ciencias o Filosofía y Letras. Normalmente su función era coadyuvar a la
labor de los catedráticos numerarios.
. Profesores Ayudantes, licenciados
en Ciencias o Filosofía y Letras, que prestaban ayuda en clases prácticas. Sus
remuneraciones se pagaban con cargo a los fondos del propio centro.
. Profesores de Religión, nombrados
por el Ministerio a propuesta de la Jerarquía eclesiástica, que tenían igual
consideración que los catedráticos numerarios del centro.
Así mismo, comienzan a organizarse
y tener una cierta fuerza los Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en
Filosofía y Letras y en Ciencias y el Cuerpo de Inspectores como impulsores de
la renovación y el perfeccionamiento.
Este era el marco que se dibujaba
en los institutos de estos años. Así estaba jerarquizada la Institución de las
Enseñanzas Medias. Esas eran las normas marco y los presupuestos ideológicos y
morales. Y de ellos se deducían la autoridad y el respeto hacia ella, la
disciplina, la rectitud, el cuidado de las formas y el orden, que aprendimos o
aprehendimos no solo dentro de las Aulas, también en los pasillos, en las
miradas, en actitudes, en los gestos, en las notas, en las preguntas y en las
respuestas. Y en los silencios.
Estábamos entrando en la apertura
franquista que supuso el inicio de la salida de autarquía, en los sucesivos
gobiernos de tecnócratas, en el Plan de Estabilización de 1959, que
comenzó a liberalizar la economía y la creación de los Planes de Desarrollo.
Los cambios económicos produjeron crecimientos acelerados y, consecuencia de
ello, importantes cambios sociales.
Como referencia para quién esté interesado, como mera aproximación y con amplias variaciones por zona…, podemos ver algunas pautas sobre el valor de las cosas, referidas al año 1960:
La propina semanal (aún no se
hablaba de “paga”) a un niño era de 1 Pta; un tbo costaba 1,5 Pts; el Salario
Base era de 1000 Pts/mes; un Maestro ganaba 1200 Pts/mes; el Salario de un
aprendiz era de 500 Pts/mes; el Paquete Celtas Cortos sin filtro (Chester
obrero) costaba 3 Pts; un bocadillo de chorizo o jamón costaba 4 Pts, etc. Y una
peseta de 1960 podría equivaler a… pongamos… entre 1.5 y 2 Euros de 2018.
Pero los cambios aludidos no venían
secuenciados u ordenados con una cierta lógica interna sino como arremolinados,
en cascada, sin tiempo de digestión, casi, en un continuo presente.
Los lugares de ocio para los
jóvenes comenzaron a dejar de ser casi exclusivamente públicos, es decir, la
calle. Ya no todo era “dar vueltas por la plaza, o por el jardín” –según la
época del año-.
La Cafetería, con sus dos plantas,
la de abajo más señorial y la de arriba más de jóvenes, con partidas de las
Siete y Media, después de comer y con parejas más de tarde…, el Angelines, con
una máquina de discos, el Rompe, que era el nombre corto de un bailongo que
había debajo de la Academia del Coronel, en la Muralla, el Frontón García,
pista de baile, actuaciones musicales y competiciones de pelota… aunque sólo en
verano, el Mappy Club, encima del Cine Gullón… incluso cuando ya no era cine, etc, etc.
Sólo había un problema y es que todos estos sitios, que eran establecimientos
privados, había que pagar la consumición y el dinero era muy escaso en la
mayoría de los bolsillos. El juego del ratón y el gato estaba a la orden del
día cuando el camarero se ponía pesado con el "¿que desea usted
tomar?". Aún recuerdo a Faustino, de la Cafetería Tagarro, algo nervioso,
activo, eficiente… en estos menesteres. Un gran camarero.
Había un Futbolín, cuyo nombre no
recuerdo, en Jose Mª Goy, casi enfrente de “El 2 de Mayo”, y cerca de donde
también estuvo el Museo del Chocolate, y antes la Sala El Yate, con 10 o 12
futbolines buenos, con futbolistas de pies separados lo que permitía arrastrar
la bola, que requería un ligero cimbreo del suelo, y trazar trayectorias en
diagonal de la pelota. Se solía jugar por parejas y era frecuente apostarse
unas “bombas” (así se llamaban a unos pastelillos redondos, con crema dentro,
que vendían en “El Angelines” de la Plaza Santocildes… donde también se echaba la partida de “tute”). Parece ser que el amo era Pepe Jofervi… que sigue
siendo, por lo visto, un mago de las tres bolas de billar. (He de decir que mi
informador me ha confesado que Jofervi… no lo ganaba siempre, y así lo dejo
escrito para que conste).
El café Central, regido por el
Señor Tirso, serio y con cara pocos amigos y con camareros tan irrepetibles y elegantes
como Murias, tenía dos billares en la parte posterior, que daba a la calle de
la Cruz.
Aparte de la
subasta, el dominó, el tute y otros, allí se jugaba, y con bastante nivel, al
billar. Recuerdo, además del citado Jofervi (que tenía una ferretería en la
plaza); a Pedro (que el padre tenía un camión); Pedro Patagorda (creo que le
llamaban así…), del garaje Los Leones de la calle del Cristo, un señor mayor muy bueno haciendo carambolas, al que admirábamos los
aprendices a través de las cristaleras del Café Central, que daban a la calle
de la Cruz; Manolo (de Valdeviejas). Estos eran los mejores de mi época, que fue la siguiente a esta, es decir
la de 1964-71.
Mientras, los
niños de 5 a 10 años (yo era uno de ellos) dábamos vueltas y vueltas por la
Plaza, mirábamos mucho y comprábamos poco en los “puestos” (Sra. Ángela, La
Macaria, El Sr. Ramón y el “Ti Pirulí) o correteábamos por las mesas de las
partidas de cartas, burlando a los camareros, o por los reservados que había a
la entrada a la derecha… donde iban algunos papas con las mamas, juntos, en
pareja, los domingos por la tarde de los fríos inviernos de Astorga. (El
Casino, más selectivo, estaba en el encima, en el mismo edificio, pero se
accedía por otra puerta). Y de vuelta a casa, una papelina de castañas de
Riancho, en la plaza de los taxis para entrar en calor y “pasar el puerto”…
decíamos los de Rectivía, que era el tramo entre El Palacio-La Catedral y
Agapito-El Algibe.
De fuera de Astorga nos llegaban,
algo tarde eso sí, “Los chicos de Preu”, los guateques de los 60, la
música rock, el twist , los Brincos de “Por un sorbito de champán”, “Una chica
ye-ye”, los Pekeniques, y los Sirex…, pero llegaban y lo hacían para
quedarse, para integrarse en las mentalidades y en las conciencias, las de los
jóvenes primero… y en la de los padres de esos jóvenes, no siempre sin traumas,
después. Pero el tiempo corre lento en Astorga.
Se iba perdiendo el miedo.
Comenzaron a dibujarse nuevos estilos de vida, nuevos valores, nuevos
comportamientos sociales que, como sin quererlo, actuaron de oposición a la
Dictadura, que aún estaba muy fuerte. En año 1959 se había inaugurado el Valle
de los Caídos y eso no fue vivido por la España no oficial como un acto de
acercamiento entre las dos Españas, sino de reafirmación del Régimen.
Ahí estaban los sectores más
activos de la sociedad: jóvenes, estudiantes, sindicatos de grandes empresas,
grandes ciudades y universidades, pero aún quedaban muchos años hasta el 75.
El inicio del fin de la autarquía
también permite asomarse a lo que está ocurriendo fuera de nuestras fronteras,
en el Mundo, de donde llevábamos años aislados. Y lo que había fuera, iba
llegando en cuentagotas y filtrado. Estas eran algunas cosas que pasaban
allende nuestras fronteras:
El Sputnik 2 y la perrita Laika
(1957) dieron un gran paso adelante a la ciencia y tecnología soviética pero
pudieron haber actuado también como una espoleta de la Guerra fría y la batalla
armamentista que se acentuó hasta llegar a niveles máximos con la fallida
invasión de Bahía de los Cochinos y la Crisis de los misiles en Cuba (1962).
En ese mismo año falleció en
extrañas circunstancias la actriz Marilyn Monroe, recordada
por muchos de nosotros como un icono de la sexualidad y también de la
sensualidad.
El año siguiente, asesinaron a
J.F.Kennedy (1963), hecho que tuvo una amplia cobertura y difusión. Recuerdo
que incluso fue comentado en el C.N. Blanco de Cela, donde yo estudiaba, por el
Director Don Ángel Murias, con todos los niños formados en el patio.
Unos años antes, Alfred Hichcock
(1960) estrenaba Psicosis, un manual para cinéfilos, donde el terror y el
suspense se recrean sin límites a través de un asesino en serie de Wisconsin.
La canción protesta toma una fuerte
relevancia en la música de Joan Baez y, sobre todo, de Bob Dylan, que
premonitoriamente escribe “The Times They Are a-Changin” (1963) posiblemente
sin sospechar la enorme dimensión de dichos cambios.
Los primeros “The Animals” (1964)
creaban su gran obra “The house of the rising Sun” que seguramente sigue viva
aún dentro de muchos de nosotros y de nuestras idealizaciones.
El mismo año 1964, cuatro muchachos
de Liverpool, que en 1962 habían formado un grupo llamado The Beatles, tuvieron
un éxito rotundo en los EEUU, que ya empezaba a tomar el relevo geopolítico,
industrial y financiero de la vieja Europa.
Socialmente, estamos en la década
que surge el movimiento Hippie con una fuerte carga contracultural, libertaria
y pacifista, en buena parte, como respuesta a la Guerra fría entre los bloques.
Nuestra ciudad, como ya saben, no
tenía una pizca de protagonismo en cambios de este tipo o parecidos. Más bien
representaba un refugio donde la inercia podía seguir hasta el infinito, al
margen de cambios, de la evolución, de la historia. Ahí estaban, vigilantes y
silentes, el peso del Ejército, del Obispado y de una Aristocracia letrada que
más bien residía en Madrid. Astorga, que esquivó la Revolución Burguesa en su
momento y cualquier otra revolución que se le hubiera puesto delante. Astorga
era, y es, un cántico a la quietud y al ensimismamiento. Al reposo culto de las
bibliotecas con incunables poco o nada consultados.
Mucha cultura e importantes centros
de Enseñanza Secundaria: Instituto, Escolapias, Seminario y Escuela de Maestría
que forman estudiantes que Astorga exporta porque su sociedad no los puede
absorber desde su tranquilidad, reposo y sosiego. Es la Astorga que se hunde
dentro de la España que se va despoblando lentamente.
Pero volvamos a nuestro Instituto.
Hay testigos de la época, que hoy
andan entre 70 y 80 años, que recuerdan aquel Edificio del INEMA, en Rodríguez
de Cela, primero, y desbordado por el crecimiento de la matrícula año tras año,
en Padre Blanco, después. Y hablan de él. Unas veces con nostalgia y con
cariño, otras, con la impotencia del tiempo pasado. Siempre un con brillo en
los ojos que refleja el respeto y la cercanía con lo vivido dentro de sus
paredes… y de sus corazones.
He escuchado, a alumnos mayores que
yo, opiniones sobre profesores que yo ya no conocí, y otras sobre profesores
que conocí más tarde, y, en general, no hay demasiadas sorpresas. Los grandes
trazos del quehacer docente no sufren tantos cambios con el tiempo. He oído
hechos y situaciones, halagos y también críticas, reiterados en las
actitudes y lecciones dadas dentro de aquellos edificios que ya tampoco no
conocí.
Alguno, recuerda con mucho cariño
profesores como Don Gregorio Salvador, al que deben, los comienzos de
aprendizajes en la difícil tarea de expresar con precisión tus ideas, lo que
sin duda contribuye, y de manera esencial, a fundamentarlas, consolidarlas,
creerlas y ponerte a su servicio.
También recuerdos cariñosos para
Don Bernardo, de Religión, de habla suave, reposada y medida, Don Ernesto
Fidalgo, de Religión y Griego, Memi de Francés a la que alguien define como una
buena profesora, de delicioso trato, de la que estaban enamorados todos los
alumnos, Don Venancio de FEN, Don Santiago Franco de EF, …
Menos cariño se repartía entre
otros profesores, como Don Abelardo, profesor de Historia, ya Jefe de Estudios,
Don Pedro Rodríguez, muchos años Director, también de Historia, que parece ser,
recordaba una y otra vez quienes eran los que mandaban en España… seguramente
incapaz de intuir el más mínimo cambio en la estructura educativa que el
regentaba. Y otros de la rama de ciencias, sobretodo: Matemáticas y Física.
En este último caso, el poco
aprecio de los estudiantes no estaba basado en razones de tener un elevado
nivel de exigencia o de ser injustos con las calificaciones. No. Los
calificativos y quejas de los alumnos eran variados y por recato no los
reproduciremos. Eran todo menos favorables, cariñosos y comprensivos… aunque
por distintos motivos.
Parece ser que repartir orejas de
burro o poner un chupete a los alumnos que no estudiaban o que estudiaban y les
costaba más aprender matemáticas no era del agrado general. Además de enseñar
poco y mal. Tampoco era bien visto por un alumnado crítico y motivado, el hecho
de exigir poco y aprobar fácil. No resultaba interesante para alumnos que
querían fundamentalmente aprender. Y no aprendían.
Hemos de recordar que en aquellos
tiempos existían las Reválidas de 4º y 6º y eran auténticos filtros que no se
podían saltar sin conocimientos.
Digamos que los resultados de
algunas de estas clases eran más bien pobres, que los alumnos ni aprendían bien
Matemáticas ni aprendían bien Física. El Instituto, parece que tenía un
problema, en la preparación de estas asignaturas y existían lagunas en la
enseñanza/aprendizaje de las mismas. En el Plan de 1957, y aún más, en el
Bachiller de 7 años que le precedió, las Matemáticas tenían un peso muy grande
en el currículo.
Cuando los conocimientos no
llegaban a los mínimos exigibles para aprobar, cosa que era bastante frecuente,
entraba en funcionamiento el plan B. El plan B, se llamaba Academia “El
Comandante”, después ”El Teniente-Coronel” y finalmente “El Coronel”,
fundamental pero no únicamente, donde se reforzaban la adquisición de
conocimientos de Matemáticas y Física, Además de aprender, se lograban salvar
los obstáculos que suponían las dos pruebas externas anteriormente referidas,
la de 4º, para tener el título de Bachiller Elemental y poder acceder al
Bachiller Superior, y la de 6º para tener el correspondiente título y poder
cursar Preuniversitario.
Esta academia o centro privado no
reglado, de refuerzo, pero eficiente y tal vez el más popular de la época,
estuvo situado primero cerca del Seminario y posteriormente pasó a una casa que
da a la Muralla donde más tarde estuvo situado el Registro de la Propiedad.
En la Academia del Coronel se han
de mencionar dos profesores donde todos los testimonios han coincidido en su
profesionalidad y en su humanidad: Don Constancio y el Coronel Antonio
Fernández González, que se encargaban básicamente de la coja parte de Ciencias
del Instituto.
El primero, daba clase de
matemáticas a los del Bachiller Elemental, y el segundo a los del Superior. Yo
conocí a Don Constancio años después dando clase de Matemáticas de 1º a 4º al
lado de la Casa Sacerdotal, donde vivía con su familia, y puedo corroborar su
buen hacer como docente. Enseñaba Matemáticas y algunos aprendimos a sacarle
gusto a este aprendizaje.
Respecto al segundo, como Coronel
de Artillería, tenía profundos conocimientos Matemáticos y de Física, sobre
derivadas, integrales, balística, dinámica, etc.
Muchos alumnos que pasaron por
INEMA, en una u otra ocasión estuvieron en las clases de Matemáticas de alguno
de estos dos profesores (o los dos), profesores no oficiales, pero si de una
gran calidad, y de los que se ha de dejar constancia de un reconocimiento a lo
que ellos representaron, y lo que para muchos alumnos significó cursar el
Bachiller Superior en general y en la rama de Ciencias en particular.
Sería injusto no citar junto a la
Academia del Coronel, otras coetáneas, Por eso, no quisiera dejar de mencionar,
aunque sea de soslayo, otras instituciones dedicadas al refuerzo de los
aprendizajes… del Instituto. Algunas de ellas, sobre las que volveremos con más
detenimiento en su momento, son: Academia Astorga, Academia de San Agustín, La
Unión, profesores particulares como Don Rufino (en las Casas de Miguélez),
García (Calle San José Mayo, casi enfrente de la Confitería Flor y Nata),
incluso Simo (que comenzó con mecanografía y taquigrafía)…
Sé que más tarde, pasada ya media
década de los 60, en el nuevo edificio de Los Sitios 2 y en la Delegada, unos
años después, fue corregida esta deficiencia y hubo buenos profesores de
Matemáticas y profesores que enseñaron el gusto por aprender… porque los veías
disfrutar a ellos explicándolas. Personalmente, puedo afirmar que los que más
huella dejaron en mí fueron la Doña Emma Quiñones, más conocida como la Cubana,
que me dio Matemáticas en 5º en la Delegada el curso Académico 69-70 y el año
siguiente, Matemáticas en 6º, Don Jesús Sanz. De la Hoz (su segundo apellido),
para sus alumnos, como él mismo se encargó de aclararnos el primer día de
clase.
Volveremos otro sobre ellos en alguna Entrega.
[
Fotos:
F062.LoschicosdelPreu.1962
Video de Una Chica ye ye
F084.Thehouseoftherisingsun.1984
F073.CafeCentral.1960
]
Próxima entrega: 3.5. Mérida P.
1964-1971. Lo académico
Fe de erratas.
En la Entrega 3.3. Mérida Pérez. 1945-53, se comete un
error que quiero corregir con esta nota. El equívoco fue confundir dos personas
distintas, pero con idéntico nombre, primer apellido, vecindad y edad.
Don Pedro Rodríguez, Catedrático de Historia y
Director del Instituto, vivió en la denominada vulgarmente la Plaza del Centro
de Higiene, y no lejos de allí, en la Calle Costilla, vivía otro Don Pedro
Rodríguez, Alcalde de Astorga entre 1944 y 1947, y empresario de un Taller de
Carpintería de la ciudad.
La igualdad del nombre, apellido, vecindad y el
solapamiento de vivir en Astorga los mismos años de estos dos Don Pedro
Rodríguez, me llevó al fallo de fusionarlos en uno, cuando en realidad eran dos
personas distintas, que nada tenían que ver… excepto los aspectos ya comentados.
Otra vez el error ha sido el resultado de un cúmulo de casualidades. Pido
disculpas por ello.
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